miércoles, 1 de abril de 2015

“Elogio de la copia urbana”


AFTER LANDSCAPE. CIUDADES COPIADAS


Comisario: Martí Peran

Fabra i Coats

Centre d´Art Contemporani, Barcelona

Hasta el 17 de mayo de 2015

Publicado en ABC Cultural N. 1179. Sábado 21 de marzo de 2015-03-29 twitter: @ABC_Cultural








Como sostiene el comisario de la muestra Martí Peran, en nuestro momento se da el caso único de que nuestra generación vive más tiempo que el propio paisaje, un paisaje que se muda constantemente aunque esta mutación paradójicamente lo hace parecerse más a sí mismo. ¿Razones? La proliferación de los clones en la arquitectura (lo que Peran denomina “ciudades copiadas” ) y en los escenarios urbanos en contextos distintos del original como respuesta a nuevas agendas geopolíticas, económicas, culturales y militares de nuestra existencia contemporánea. Y ello en el marco de una genealogía que arrancaría con las teorías de Robert Venturi en Aprendiendo de las Vegas, el verdadero inicio de la cultura de la copia en el ámbito arquitectónico, para llegar a la actualidad pasando por la fascinación posmoderna por las réplicas, los clones, las simulaciones o lo que Hillel Schwartz en La cultura de la copia (2003) denomina gesto natural (en alusión a la copia) que nos convierte en lo que realmente somos.

En este post-paisaje del capitalismo tardío o más concretamente en este after-landscape ( y que tanto comprende centros comerciales , recintos deportivos, parques temáticos, centros culturales …) Martí Peran nos presenta veinte trabajos, tres de los cuales son realizados ex profeso para los nuevos espacios de la antigua fábrica textil de Fabra i Coats (dos mil metros cuadrados que hay que sumar a los 1000 que el centro disponía hasta la fecha) . En una voluntad de ceñirse al guión original , es decir, en un claro sometimiento del discurso artístico y visual al teórico, sin gratuidades ni vacuidades que hagan pensar en un guión sobredimensionado ni en una selección de obras reunidas al azar, la exposición rinde su particular homenaje a la cultura de la copia, un término que surge en el siglo XVI al amparo de un incipiente coleccionismo y del desarrollo del mercado artístico, con un trabajo de Oriol Vilanova , una “site-instalación”, No Middleman en la que lo que parece una escultura minimalista (un remake de Donald Judd) no es sino un conjunto de estanterías de la marca Hyllis de la marca Ikea, que están ahí para falsamente decorar un espacio doméstico y privado, como uno exterior o público.

Esta obra además pone de relieve cómo la repetición, tal como sostenía el pensador Deleuze, puede también comportar diferencias, variantes y modificaciones que son las que el público podrá ir viendo en los distintos clones que siguen el recorrido expositivo. Destacan en este sentido las series fotográficas de Dave Wyatt que en 2008 realizó un reportaje fotográfico en la ciudad china de Thames Town, parodia de una tradicional ciudad inglesa de arquitectura victoriana , las de Andrea Robbins y Max Becher (770.2005) que documentan un curioso fenómeno: la reproducción por todo el planeta de un edificio neogótico ubicado originariamente en el número 770 del Eastern Park en Brooklyn que en 1940 acogió al rabino Iosef Isaac Schneersohn en su exilio americano huyendo del nazismo y que desde entonces se considera lugar emblemático y “santo”. A los mismos artistas Robbins y Becher corresponde la serie de 20 fotografías de un parque temático sobre la infravivienda en Georgia (EEUU), Global Village, (2003-2005) que reproduce arquitecturas precarias de América Latina (favelas). África y Asia. Siguiendo esta línea discursiva , la macrofotografía de Stefanie Bürkle (Rome, Atehns and Gizeh in Window of the World , 1999) nos adentra en las “ciudades en miniatura” clonadas del parque de atracciones Window of the World de la ciudad china de Shenzhen con más de cien atracciones que reproducen construcciones de cincuenta países. La miniaturización de los edificios convierte al publico en un televidente que practica un “zapping” intercultural que en su valor de “duplicar” los grandes monumentos universales ( desde las desaparecidas Torres Gemelas hasta el Taj Mahal) no hace si no situarnos ante un proceso de destrucción-construcción-deconstrución de la arquitectura contemporánea.

Las reflexiones entorno a la ciudad posmoderna, mezcla de simulacro y de una galopante escenografía que fomenta el consumo de turistas y habitantes explican otros trabajos como el de Jordi Bernadó (KidZenia, 2014), una reproducción de una ciudad real (una parte de Ciudad de México) a escala infantil o de Jordi Colomer (Pohibido cantar/No Singing, 2012) entorno a la fundación de una ciudad “ficticia paradisíaca” Eurofarlete, réplica de proyectos fallidos como los de Gran Escala y Eurovegas. Simulacros en definitiva que suministran experiencias estéticas ocultándonos las partes más ocultas de nuestra sociedad. La vigilancia y el control unida a los entornos militares explican el trabajo de Domènec (Baladia Ciutat Futura, 2011-2015) que aborda un campo de entrenamiento militar israelí desde el que atacar plazas palestinas de Gaza (Cisjordania) desde una pluralidad de lugares (fotografías de Internet) pero también de testimonios orales de algunos de sus protagonistas.

Aparte de estas tipologías de réplicas que responden a un riguroso proceso de investigación previo a toda ”mise-en-escene” museística, donde que la exposición brilla con luz propia en algunos de los proyectos producidos ex profeso . Hablaríamos de la instalación de Joan Bennàssar, un “plató cinematográfico” (Kusturicaland. A script for you, 2015) que emula el plató en el que el director de cine Emir Kusturica rodaba La vida es un milagro de 2004 en la ciudad serbia de Drvengrad rodeado de una épica entre nacionalista y étnica. Y en especial, del proyecto creado para la ocasión por Blanca Muntadas, Octavi Rofes, Francesc Muñoz y Ramon Parramon ( Mirador, 2015) donde con Barcelona como centro convertido en imagen de su propia imagen, el logo mismo de la ciudad, se identifica el “modelo Barcelona” que tanto triunfó como producto de diseño de los años noventa como el origen de un “imaginario” que ha alimentado buena parte de las iniciativas publicas y privadas hasta la mismísima actualidad.

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